Unidad y cohesión: no hay tiempo que perder

La semana pasada Chile recibió tres visitas notables. Chris Miller, autor de Chip War, el libro que mejor explica por qué los semiconductores son hoy más poderosos que los ejércitos. Patricia Bullrich, senadora argentina y una de las voces más lúcidas del continente en materia de seguridad. Y Richard Haass, presidente emérito del Council on Foreign Relations y uno de los analistas de política exterior más respetados del mundo.

Los dos primeros vinieron invitados por La Otra Mirada y AthenaLab. Haass, por el BCI.

Tres personas que piensan en el largo plazo. Tres referentes que eligieron venir a Chile.

El mundo nos está mirando. La pregunta es si nosotros estamos mirando al mundo.

Hace 16 años ingresamos a la OCDE como el país más prometedor de América Latina. Entonces, la democracia funcionaba, la economía crecía, la pobreza caía. Había consensos básicos y fortaleza institucional. Éramos el caso de estudio que el mundo aplaudía.

Pero algo pasó. Una generación bien organizada, inspirada en las ideas socialistas del siglo XXI, -provenientes del Foro de Sao Paulo- encontró eco en Chile, ocupando universidades, medios y organizaciones sociales, y disputando el sentido común con paciencia y estrategia. Cuando el 18 de octubre de 2019 estalló la brutalidad hábilmente orquestada, Chile no tuvo el andamiaje cultural para resistir.  

Lo que vino después es conocido por todos. Cuatro años de parálisis. Dos procesos constitucionales fallidos. El crecimiento se estancó. La inversión cayó a la mitad. Ejercimos, libremente, nuestro derecho a ser estúpidos.

De ahí el carácter de emergencia que tiene el programa del Presidente Kast. No hay tiempo que perder. Seguridad, empleo y crecimiento no son las palabras de un slogan. Son las condiciones mínimas para que una familia pueda vivir tranquila, para que un joven pueda proyectarse, para que un adulto mayor tenga dignidad. Sin seguridad, la vida cotidiana se vuelve insoportable. Sin empleo, no hay futuro ni progreso. Sin crecimiento, no hay recursos para lo que importa.

Nuestro gran desafío es salir de la trampa de los ingresos medios. Convertirnos en un país desarrollado con niveles de dignidad, cohesión, libertad, prosperidad y paz superiores a los que tenemos hoy. 

Para lograrlo, tenemos que recuperar la seguridad y la convivencia social; eliminar las trabas autoimpuestas a la inversión y el ahorro; mejorar la productividad; capitalizar nuestras ventajas comparativas e intentar desarrollar ventajas competitivas sobre ellas; proyectarnos al mundo con inteligencia, combinando influencia diplomática y capacidad de defensa para sentarnos en las mesas donde se toman las decisiones que nos afectan; y, quizás lo más importante, recuperar la cohesión nacional en torno a una aspiración compartida.

Felizmente, no estamos solos. Argentina está intentando volver a ser lo que fue y más. Lo que suceda allá no nos es irrelevante.

Tenemos que abrir los ojos al mundo de oportunidades que tenemos por delante. Solo necesitamos cerrar las filas en torno a lo urgente y tener presente que lo óptimo es enemigo de lo bueno. Cuidado con el fuego amigo, ¡otra cosa es con guitarra!

Lo que no sobra es el tiempo.

Nicolás Ibáñez Scott