Señor Director: En nuestra historia hemos tenido varias guerras civiles y varias constituciones. Ha habido momentos de luz matizados con sombras, algunas muy tenebrosas. Estamos muy lejos de ser una república democrática ejemplar y estamos todavía muy lejos de ser un país plenamente desarrollado, cohesionado, libre, digno, próspero, seguro y en paz. En los últimos 50 años hemos vivido un intento de reproducir el totalitarismo cubano de inspiración marxista-leninista y una interrupción de la institucionalidad democrática para restablecer la cordura. También hemos vivido algunos años de luz en que el país logró avanzar decididamente, cosa que es motivo de vergüenza para el socialismo “renovado” del Frente Amplio. Ese éxito momentáneo nos arrastró a la complacencia y nos llevó a abrazar causas refundacionales alejadas de nuestra identidad. Tanto las abrazamos, que el país se estancó y volvió al ámbito de las naciones mediocres, sumidas en la trampa de los ingresos medios. En la actualidad tenemos un gobierno de inspiración liberal, que elegimos democráticamente, que opta más por el racionalismo práctico que por el constructivismo utópico. Es una gran mejoría en comparación con lo que teníamos hace poco. Pero es claramente insuficiente. La batalla cultural está más viva que nunca. El hecho de que en la región y en el mundo pareciera haber una corriente predominantemente de “derecha” no es garantía de nada. El reciente foro del socialismo mundial en Barcelona, presidido por el Presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y financiado por uno de los empresarios más ricos del mundo, es una manifestación rotunda de que la izquierda, como siempre, es capaz de convocar, unirse y manejar una agenda estratégica de largo plazo. Al otro lado de la vereda, los recientes foros “Vientos de Cambio”, en Buenos Aires, y “Foro Madrid”, en Santiago, palidecieron por su escasa convocatoria, su débil organización y su pobre puesta en escena; por pasar inadvertidos y por ser denostados por los propios partidarios de las ideas que allí se expusieron. Que el gobierno de Kast haya preferido pasar de largo por el 11 de septiembre, sin una reflexión seria sobre estos 53 años, y que la presencia del Presidente en el Foro Madrid haya sido tratada como una incorrección política incluso por los suyos, dice más de nosotros que de nuestros adversarios. La izquierda no necesita derrotar las ideas de la libertad. Le basta con esperar a que quienes las sostienen se avergüencen de defenderlas. Hemos tenido más de cincuenta años para aprender esa lección. Aún es tiempo. El único legado relevante del gobierno del Presidente Kast será generar las condiciones para una sucesión de gobiernos verdaderamente “progresistas” (por favor no cedamos este término a la izquierda) que supieron ganar, en primer lugar, los corazones e ilusiones de la gran mayoría de chilenos para impulsarnos a ser una nación desarrollada, digna, libre, próspera, segura y en paz. Nicolás Ibáñez Presidente Fundación Chile + Hoy

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