Señor Director: El nombramiento del general Carlos Alberto Presti —hasta ahora jefe del Estado Mayor del Ejército argentino— como ministro de Defensa del gobierno del Presidente Javier Milei constituye un gesto político que excede con mucho una simple rotación de gabinete. Presti no es un cuadro partidista ni un operador político: es un oficial con trayectoria profesional, formación sólida y reconocimiento transversal dentro de las Fuerzas Armadas argentinas. Su incorporación al gabinete proyecta una señal clara de institucionalidad y continuidad estratégica. El Presidente Milei parece entender que la ciudadanía argentina demanda algo más profundo que ordenar las cuentas fiscales o domar la inflación: exige reconstruir una identidad nacional basada en disciplina institucional, unidad interna, estabilidad estratégica y una ambición de largo plazo. La llegada de Presti a Defensa sugiere que el gobierno busca consolidar una visión de Estado más robusta, donde la seguridad, la cohesión nacional y el posicionamiento internacional de Argentina ocupen un rol central. Si este movimiento marca el inicio de una etapa en que Argentina recupera fortaleza económica, estabilidad política y un rol relevante en la región, se trataría de una muy buena noticia para Chile. Una Argentina más desarrollada, predecible y con instituciones fortalecidas beneficia directamente la integración bilateral, el comercio y la seguridad compartida. La región en su conjunto también se fortalece cuando uno de sus países mayores ordena y moderniza su institucionalidad estratégica. Los liderazgos políticos en Chile —cualquiera sea su orientación— harían bien en observar este proceso con atención. Cuando un país vecino define sus prioridades de Estado, consolida gobernabilidad y proyecta una estrategia nacional coherente, eleva también el estándar regional. Y ello, de manera natural, termina favoreciendo a Chile. Nicolás Ibáñez
Nuevo ministro de Defensa argentino
01
Dic